Bouwe se muestra deseoso de volver a la rueda de su barco después de haber pasado las últimas tres semanas prácticamente pegado al teléfono.
“Han sido momento difíciles”, admite Bekking viendo como la flota de la Volvo Ocean Race se dirigía codo a codo y con rapidez hacia Ciudad del Cabo, mientras el equipo de tierra del “movistar” en Portugal reparaba la estructura que alberga el brazo hidráulico de la quilla, la pala del timón y su orza de deriva tan sólo 15 horas después de que su embarcación cayera de una gran ola a otra y se oyera un tremendo estruendo, por el que se dieron cuenta de que algo había roto.
En un primer momento se pensó que el barco había sufrido daños estructurales con el impacto, pero una vez fuera del agua se pudo observar que había desaparecido parte del timón y de la orza de deriva. Todos los datos sugerían lo mismo: un impacto contra algo que flotaba en el agua –un container-, una ballena o algo similar.
Fuere lo que fuere el golpe obligó al equipo a retirarse de la etapa con la consecuente desilusión.
“Ha sido un duro golpe”, comenta el patrón del “movistar”, “todo el mundo estaba tranquilo cuando ocurrió y cuando el viento comenzó a caer nos pusimos a charlar sobre como habían trascurrido las primeras 15 horas, pausados y comentando todo lo que había sucedido”.
“A veces lo malo sucede y teníamos que mirar hacia delante, haciéndolo lo mejor posible. Pensamos en retomar la salida pero en el fondo del corazón sabíamos que hubiera sido difícil acabar la primera etapa en esas condiciones, por lo que pusimos rumbo a tierra y mandamos a los chicos a casa. No tenía mucho sentido tener a los chicos dando vueltas alrededor y de mal humor, por lo que en mi opinión era mejor que estuvieran en sus casas con sus familias, entrenando en el gimnasio, poniéndose en forma y descansando hasta que llegaran aquí”.
“Supimos que teníamos daños en el barco y también que no había sido culpa nuestra, porque estábamos navegando de una manera correcta. Nadie estaba enfadado por eso. No hubo palabras fuera de tono sobre ello aunque obviamente lo que si sentía era un gran disgusto”.
“Todo estaba a nuestro favor. Estábamos muy motivados y satisfechos sobre como se estaban desarrollando las cosas y así se estaba reflejando en la repercusión mediática que tuvimos hasta el accidente”.
Bekking se mantuvo siempre al corriente de lo que iba sucediendo en la primera etapa y admite sentirse un poco desconcertado sobre el lento progreso de las unidades Farr, en comparación con los diseños de Juan Kouyoumdjian.
“Esperaba que los dos barcos ABN AMRO lo hicieran bien y lo navegaron de manera correcta, pero me sorprendió que los barcos de Farr no superaran las 500 millas en 24 horas”.
“No sabemos porque navegaron más despacio y esa es una de las preguntas que debemos hacernos. Pudo ser porque bajaran el ritmo después de lo que nos ocurrió; tendremos que esperar a ver que pasa en la segunda etapa. Las millas que llegamos a sacar al resto de unidades Farr en esas primeras millas nos sorprendió. Estuvimos 35 millas por proa del Ericsson, aunque será en la próxima etapa cuando veamos si los ABN AMRO son más rápidos que nosotros”.
“Es imposible saber si hubiéramos ganado la etapa. Sabíamos que las primeras 48 horas eran realmente importantes y estirar el liderato sobre los demás era tener ventaja en la general. Pero eso es historia”.
Bekking refuta las acusaciones sobre si la ambición de su tripulación llevó al “movistar” a un sobreesfuerzo en aquellas primeras horas. “Pudimos haber forzado más que el resto de los chicos en aquella primera noche, pero confiábamos en nuestra equipación y en la tripulación, además ya habíamos navegado en muchas ocasiones como las que se desarrollaron aquel día. Estábamos preparados para la regata”.
“No forzamos el barco en demasía, si lo hubiéramos hecho hubiéramos fracasado. Acabábamos de arriar el spi, momentos antes de sufrir la colisión, y habíamos optado por una vela de menor superficie. Teníamos la combinación perfecta de velas, así que fue una autentica sorpresa. Algunos dicen que teníamos que haber navegado con menos vela, pero esto es una regata y estábamos cómodos con la manera con la que navegábamos. No había nada que presagiara que algo iba mal. Todo estaba bajo control. No creo que hubiera habido algo que hubiéramos podido hacer”.
El “movistar” llegará a Ciudad del Cabo el próximo 14 de diciembre. Tan pronto como llegue, el barco ira al agua para chequear la robustez de las reparaciones y la superficie vélica, que ha sido rediseñada para esta segunda etapa.
El equipo intentará recaudar puntos, en la regata costera que se celebrará el próximo día 26 de diciembre, que se añadirán a su marcador. Pese al no muy buen comienzo, Bekking está convencido de que el “movistar” tiene el rendimiento adecuado para alzarse con el título de ganador de la Volvo Ocean.